Respuesta a “Indianismo y pachamamismo” de Pablo Stefanoni

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Por Hugo Blanco

Inicia el artículo[1] deslindándose de la estúpida evaluación que de la Cumbre de Cochabamba hizo la derecha, parecía que haría un análisis de la reunión, pero por lo visto el racismo anti-indígena lo encegueció y no hay ninguna evaluación seria.

Veamos lo que de esa reunión dice Silvia Ribeiro, investigadora, periodista y coordinadora de campañas en temas ambientales en Uruguay, Brasil y Suecia. Conferencista internacional sobre esos temas y que ha seguido las negociaciones de diversos tratados ambientales de la ONU:

“La convocatoria a esta cumbre rebasó todas las expectativas, tanto en número (35,000) como en contenido, convirtiéndose en un hito histórico en el debate internacional sobre la crisis climática. Ante las maniobras de los gobiernos poderosos en Copenhague, Bolivia convocó a las bases de las sociedades del mundo a manifestar sus posiciones y plantearlas a los gobiernos. Ambas cosas sucedieron en forma contundente. También se afirmaron las redes e interacciones entre los movimientos ………”

“Se creó sí, una base común para la comprensión, el análisis crítico y las estrategias frente a la crisis climática, enriquecida por diversas perspectivas desde muchas culturas, pueblos, organizaciones temáticas y sectoriales del continente y el mundo. El Acuerdo de los Pueblos en Cochabamba refleja esto (www.cmpcc.org) .”

Un analista serio debiera haber comenzado precisamente evaluando las conclusiones de la reunión: El “Acuerdo de los Pueblos” que menciona Ribeiro, Stefanoni no hace eso, el único comentario que hizo de dicha reunión en otro artículo suyo es:  “poco provechosa sería la cumbre si sólo sirviera para confirmar la (merecida) popularidad internacional de nuestro Presidente y para hacer anticapitalismo emotivo en una multitudinaria catarsis colectiva.”

Stefanoni dice: “Muchos de los errores oficiales en la cumbre no son ajenos a haberle entregado a los pachamámicos la temática del cambio climático”

¿Quién les entregó? Morales luego de su correcta intervención en Copenhague, que precisamente concordaba con el sentimiento de los 100, 000 que protestaban ante la inacción de los gobiernos, fue el único presidente que convocó a la cumbre no sólo a los indígenas sino a la población mundial.

Nadie ha entregado a los indígenas la temática del cambio climático, son ellos quienes día a día vienen luchando y muriendo como en Bagua, Perú, en defensa de la Madre Tierra y contra la contaminación ambiental que produce la acción de las grandes empresas multinacionales. En estos momentos los indígenas ecuatorianos han pasado a la oposición al “Socialismo del Siglo XXI” de Correa por su política extractivista. Pero estas batallas ecologistas no tienen importancia para el autor, no igualan al ecologismo civilizado: “En Europa hay mucha más conciencia del reciclado de basura (incluyendo los plásticos) que en nuestro país, donde en muchos sentidos está todo por hacer, y un ecologismo informado -y técnicamente sólido- parece mucho más efectivo que manejar el cambio climático desde una supuesta filosofía originaria”.

Concordamos con las críticas de los compañeros de la mesa 18 a la continuación del extractivismo que practica el gobierno boliviano, ellos precisamente le critican por no se ser, en palabras de Stefanoni, un “pachamamista” consecuente.

Entre otras cosas Stefanoni dice “Yo nunca vi, pero quizás me equivoque, un bloqueo por el “vivir bien”.

En el Perú las batallas mencionadas en defensa del medio ambiente, son dadas por el “buen vivir” en contra de la escuela que nos da el capitalismo de “ganar más dinero en el menos tiempo posible”, hace poco una mujer combatiente declaró: “no voy a comer oro”.

“El discurso pachamámico, en este y otros puntos, no hace más que llevar los debates al terreno de la filosofía, una disciplina digna del máximo respeto excepto cuando se la usa como coartada para no abordar los problemas candentes que debemos enfrentar.”

Estamos de acuerdo en no usarlo como coartada, pero tenemos derecho a usarlo para defender a Pachamama, no ha de ser Stefanoni quien nos ordene abandonar nuestro modo indígena de ver el mundo que por supuesto no es el suyo. Tenemos derecho a mantener y desarrollar nuestra identidad así como él tiene el derecho a mantener su visión del mundo.

“El debate sobre la descolonización no puede dejar de lado la tensión entre la supervivencia del gueto (bajo la forma de la preservación de la identidad y la cultura ‘ancestrales’ o de las teorías del indio ‘buen agricultor’………

En primer lugar hablemos del gueto, La gran mayoría de los indígenas no somos ni queremos ser un gueto. (Por supuesto que hay excepciones que sí tienen ese espíritu racista al revés, como Felipe Quispe mencionado con respeto por el autor). El partido Pachacuti de Ecuador admite gringos en sus filas, con tal de que estén de acuerdo con su programa. En el Perú nos consideramos parte del movimiento popular. Morales invitó a todo el mundo a venir a la reunión (desgraciadamente muchos de los europeos que estuvieron en Copenhague no pudieron hacerlo porque las cenizas del volcán islandés impidieron los vuelos),

El mejor ejemplo son los mayas de Chiapas que declararon “Somos indígenas, estamos orgullosos de serlo, queremos que nos respeten como indígenas. Nos consideramos hermanos de todos pobres de México y del mundo.” Recordemos que la primera reunión internacional para debatir “Contra el neoliberalismo, por la humanidad”, mucho antes que los Foros Sociales Mundiales, se realizó en el barro de Chiapas ante el llamado de los indígenas zapatistas, a ella asistieron representantes de 70 países.

Sobre “el indio buen agricultor” , por supuesto que es así, tenemos una herencia milenaria acerca de cómo cultivar resguardando el suelo, la agricultura indígena no practica el monocultivo asesino del suelo ni usa agroquímicos que también matan el suelo, como sí lo hace la agroindustria moderna que además usa transgénicos y ha descubierto la maravilla del terminator, que es una semilla que no sirve para la reproducción. La agricultura indígena practica, entre otras cosas, los cultivos asociados y la rotación de cultivos, que conservan el suelo.

“el proceso de cambio es demasiado importante para dejarlo en manos de los pachamámicos”

¿Quién quiere eso? El movimiento indígena, que lucha por el cambio, llama a todo el pueblo a que se incorpore a esa lucha.

“La pose de autenticidad ancestral puede ser útil para seducir a los turistas revolucionarios en busca del “exotismo familiar” latinoamericano ….. pero no parece capaz de aportar nada significativo en términos de construcción de un nuevo Estado, de puesta en marcha de un nuevo modelo de desarrollo, de discusión de un modelo productivo viable o de nuevas formas de democracia y participación popular.”

“su generalidad “filosófica” no da ninguna pista sobre la superación del capitalismo dependiente, el extractivismo o el rentismo, ni sobre la construcción de un nuevo Estado”

La comunidad indígena existe en cualquier país americano con población indígena, Bolivia, Chile, Honduras, México, EEUU, Canadá.

El espíritu de dicha comunidad es que es la colectividad quien manda (esto no excluye que haya comunidades deformadas por el entorno capitalista que les rodea). Es, en pequeño, un organismo de poder político, en lucha y convivencia con el poder del sistema.

Las luchas contra el sistema la fortalecen como organismo de poder. Eso viví personalmente en La Convención, Cusco, durante la lucha por la tierra.  Eso vimos el año pasado luego de la masacre de Bagua, cuando la policía tenía miedo de entrar a muchas comunidades selváticas que eran regidas por el gobierno comunal. Ese fortalecimiento vemos ahora en Ecuador como producto de la tensión que existe entre los indígenas y el “socialismo del siglo XXI”. En el Cauca, Colombia, a pesar del ataque del gobierno, los paramilitares y las FARC, la organización indígena se da a niveles superiores de la comunidad, están  organizados conjuntos de comunidades.

El mejor ejemplo son los indígenas de Chiapas, donde hace más de 16 años los indígenas se gobiernan a sí mismos en forma colectiva, auténticamente democrática, mediante las “Juntas de Buen Gobierno” en que sus componentes practican la rotatividad y no ganan sueldo, El Ejército Zapatista de Liberación Nacional, compuesto también por indígenas, no participa del gobierno, sus miembros están impedidos de ser miembros de las juntas, su función es resguardar a las poblaciones indígenas de los ataques del “mal gobierno”.

Los indígenas no “toman” el poder, lo construyen en forma auténticamente democrática desde abajo, no lo llaman “socialismo” porque el gobierno “socialista” de Chile encarcelaba mapuches usando las leyes de Pinochet, y, en Ecuador, como dijimos, están en lucha con el “Socialismo del  Siglo XXI”. Más tarde o más temprano se enfrentarán en Bolivia con el gobierno del “Movimiento al Socialismo”, que todavía no es el gobierno democrático indígena, sino un gobierno antimperialista intermediario entre la oligarquía y la población indígena y boliviana en general, algo parecido a los gobiernos de Ecuador y Venezuela.

Esperamos que la población no indígena también participe en la construcción de la nueva sociedad, nos alegra la existencia de fábricas recuperadas en Argentina, probablemente hay otros ejemplos.

El uso del lenguaje pachamámico por organismos de gobierno y ONGs, que lo usan para frenar el movimiento y otros fines, no invalidan el espíritu indígena, la cosmovisión indígena, el lenguaje indígena, la lucha indígena.

El “marxismo-leninismo” también fue usado en la Unión Soviética para masacrar a la vanguardia obrera, lo que no invalida el marxismo ni el leninismo. Los gobiernos neoliberales llamados “democráticos”, no invalidan la democracia.

Lima, 11 de mayo del 2010


[1] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=105233

One comment

  1. David Roca Basadre

    Compañero y hermano Hugo:

    Me ha llegado por la lista de Tierra y Libertad tu artículo. Te diré que es fácil entender al señor Stefanoni. La matriz occidental de pensamiento domina incluso a los pensadores progresistas. Y el mal está allí, precisamente, en la matriz.
    Te cuento que en estos últimos tiempos he estado leyendo con interés lo referente a lo que se llama gestión del riesgo de desastres, es decir la prevención para que por causa de fenómenos naturales inevitables, no sobrevengan desastres. Sabemos que eso de “desastres naturales”, es un gran cuento, nunca son naturales. Sobrevienen, como en el caso del cambio climático, por causa de la mano del hombre o porque el ser humano – sobre todo de manera más invasiva desde hace 500 años, con la gran hegemonía occidental en el mundo – interfiere con la vida de la madre Tierra, nuestra Pachamama, o Gea, como la llamó el importante científico James Lovelock (luego de muchos siglos de que por acá ya la reconocieran como un solo ente donde todo está relacionado).
    En este tema de gestión del riesgo de desastres que es apasionante descubrí que en nuestro territorio, donde siempre hubo mucho movimiento natural por causa de lo accidentado de nuestro territorio y su ubicación, estos eventos naturales – llámese sismos, huaycos, deslizamientos, inundaciones, fríos, etc. – nunca ocasionaron los desastres que ahora sí ocurren. Y eso era porque los que habitaban nuestro territorio antes de la conquista, habían organizsado todo de manera que se previeran esas circunstancias. Por ejemplo, no se solía construir ni cultivar en los valles, para eso se ganaba las alturas, se construía andenes. Vivir y trabajar en las partes muy bajas era una locura: ¿cómo vas a ponerte en el camino de un derrumbe? Ellos sabían.
    He leído también sobre los sicanes – a los que por mucho tiempo llamamos a quí la “cultura Lambayeque” y que ahora se conoce que era muy importante y se llama ahora para los historiadores “cultura Sicán”; allá en Ferreñafe están los edificios principales de un reino que cubría buena parte de la costa norte y hasta Ica, con grandes zonas serranas también. Ellos eran grandes orfebres, ellos enseñaron ese arte a todos los pueblos andinos y costeños. Y para la orfebrería se necesita fuego a muy alta temperatura, para que fundan los metales. Vivían en ese maravilloso ecosistema que se llama el bosque seco (como Pomac y otros) y que entonces cubría buena parte de la costa. ¡Todo un bosque de excelente madera como el algarrobo que da largo y ardiente fuego, pero ellos preferían usar la bosta, las hojas y las ramas que caían de los árboles para su trabajo. Respetaban el bosque hasta ese extremo. ¿Estaban locos? No, locura hubiera sido cortar esos bosques. Y es que los bosques daban sombra en el calor tropical norteño, extraían el agua desde las profundidades para donarla a los demás seres vivos, atraían animales y proveían de frutos. Toda su fuerza provenía del bosque.
    El hombre que vivía en nuestras tierras antes de la conquista no era superior a otros, porque todos los animales humanos somos una sola raza. Pero si había llegado a esta tierra nuestra con más de diez mil años de anticipación que otros y la había aprendido a conocer. Y hasta tenían todo organizado para prever posibles problemas con las cosechas. No hay literatura al respecto que no se maraville de esta capacidad para vivir sustentablemente. ¿Magia? No, era una cultura que – como todas – había aprendido por la experiencia y la reflexión luego de milenios de crecer y adaptarse al paisaje en que le tocó desarrollarse.
    Cuando el hombre occidental llega a estas tierras nuestras en plan de conquista y por la fuerza de sus aceros, no entiende nada de lo que ve, y lo decodifica – lo interperta – en función de lo que era para él normal en sus lugares de origen, que son diferentes: otro clima, otra historia. Además, venía a obtener metales y otros bienes para transportarlos a sus tierras. Desorganiza por eso todo lo que encuentra, para darle a la vida de los hombres y mujeres el sentido de abastecer a la metrópoli conquistadora (como vemos eso no ha cambiado hasta ahora, seguimos exportando todo lo que tenemos y dando más a los que desde entonces consumen mucho, debido a lo que obtienen de otros lugares: su riqueza no sería posible sin lo que de nosotros obtienen, así funciona el sistema occidental, del que el capitalismo es solo la etapa reciente).
    La cultura occidental – que hay que subrayar controla el pensamiento mundial desde hace 500 años – está en el origen del modelo de desarrollo al que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático – (IPCC por sus siglas en inglés) reconoce como el responsable del gran problema que aqueja a la madre Tierra. Modelo de desarrollo extractivista, que aleja al hombre del resto de la naturaleza.
    Mira este detalle: solo las lenguas occidentales distinguen entre “cultura” y “naturaleza”, como si fueran distintos. Y es que para el hombre occidental la “naturaleza” es algo diferente del humano. Por eso, al mirarlo como algo externo, no reconoce la interrelación e interdependencia que hay entre todas las cosas, incluyendo a los seres vivos, y no tiene problemas en tomarlo como sea, arrasarlo, verlo sin respeto. En cambio, la mayoría de los hombres y mujeres no occidentales siempre han sabido que los animales humanos son un elemento más de la cadena alimenticia, que los unos no podemos vivir sin los otros, ni los animales, ni las plantas ni los otros elementos pueden vivir por separado sin reconocerse y solo utilizándose. Para los hombres y mujeres no occidentales, y para el hombre y la mujer andinos también, no hay “cultura” y “naturaleza”, solo hay mundo. Solo hay la pachamama, que es un todo complejo, no un conjunto de cosas simples y dispersas y clasificadas. No estuvo mal analizar y clasificar para conocer, eso es un aporte de los occidentales, pero su utilitarismo, su desapego de todo lo que no era el animal humano, y a lo que llamaron desaprensivamente “naturaleza”, les hizo pensar que de verdad la vida era un conjunto de cosas despegadas y clasificadas. Y como la mosca, se dedicaron a tener miles de ojos para muchas cosas dispersas, que no le dejaron ver el conjunto. Y por eso destruyen hasta ahora.
    Es verdad que, desde Las Casas, ha habido – también los marxistas frente al capitalismo – gente que ha sabido responder a los abusos y excesos que se derivaban de todo ello y de esos procesos de acumulación a costa de las riquezas extraidas en las tierras de otros (y de las vidas de otros); es verdad que hubo quienes lucharon contra el racismo, que es otra invención occidental para tratar de justificar con falsa ciencia una pretendida superioridad de los más fuertes sobre los otros en base a simples apariencias y formas de pensar; es verdad que hubo quienes lucharon desde occidente por justicia social y aún los hay; pero todos quedaron limitados en su sanas, justas y respetables luchas y críticas por el lazo de la lengua que aprisiona sentidos, por las formas de pensamiento que son las mismas que las de los opresores. Como dice un interesante filósofo argentino – Walter Mignolo – era (es) como “un perro que se muerde la cola”.
    De esa manera también, cuando los occidentales sanos se dan cuenta de que sus sistema está en el origen de mucha destrucción en el planeta, poco a poco van descubriendo los lazos que ligan a todas las cosas y descubren una nueva ciencia: la ecología. Un gran triunfo para ellos, y por eso los luchadores ambientales son nuestros grandes aliados en nuestras tierras.
    Pero, ellos solamente han llegado luego de mucho esfuerzo, a lo que entre nosotros no se había perdido (salvo, claro, entre aquellos de nuestros hermanos que fueron criados en la civilización occidental que se enseña, muy autoritariamente, como si fuera la única posible).
    Es viendo todo esto que hay que entender a este señor Stefanoni y sus bastante intolerantes comentarios. No debe sorprender leerlos. Aquello de lo que acusan a los musulmanes en los Estados Unidos – de ser fanáticos – es el mismo mal que han tenido siempre los occidentales y sus creencias (con las grandes excepciones que ya conocemos).
    Hermano Hugo, no te afanes. Aquí sabemos, saben los indígenas que respetan a sus tradiciones y a su historia propia, saben ellos. Y con los hermanos de Occidente que ahora abren los ojos – como los ecosocialistas, por ejemplo – podremos formar la gran alianza para recuperar a la Madre Tierra, la Pachamama, o Gea como la llamó el sabio europeo, y vivir en paz en ella, con ella.
    El socialismo que hemos soñado siempre, nacera bajo sus dictados, bajo la necesidad de saber adecuarnos a una vida más racional en el planeta, donde ya no haya necesidad ni siquiera de hablar de derechos humanos, porque ya habremos aprendido que los derechos de la madre tierra abarcan a los derechos iguales de todos los que en ella cohabitan en armonía.
    Un fraterno abrazo,

    David Roca Basadre

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